Donde estoy, la rutina, los días de lluvia que por cierto son muchos, los días de sol que me hacen disfrutar de caminar los paisajes y visitar los lagos y la siesta me distraen, hacen que me ausente por momentos.
Conservo los recuerdos intactos la verdad, pero de vez en cuando me da miedo que de la nada ya no recuerde, es como si las ganas de escribir me corrieran, me apuntaran, me amenazaran para que vuelva a este espacio y comparta la aventura de andar.
hay recuerdos que aparecen de la nada y son por ahí los pequeños detalles del día a día.
Un olor, una canción, alguna frase o un nombre que me llevan automáticamente a esos momentos que están guardados pero no tan presentes, andan por ahí, están, entonces tengo que escribir.
Dia 11, destino El Bolsón.
Ese mismo día apenas despertamos prendimos la anafe, preparamos el mate y empezamos a levantar campamento, nuestros cuerpos ya estaban listos para seguir viaje, nuestras ampollas en los pies ya no existían, nuestras ganas de seguir andando estaban mas vivas que nunca asique, mientras desayunábamos decidimos sacar pasajes y teníamos la suerte de que el colectivo frene en la puerta del camping, claramente de la mano contraria ya que venia de Bariloche, los horarios eran pocos pero cualquiera nos servía para poder avanzar, una vez listos ya esperando al borde de la ruta cerca de las 18hs después de esperar un buen rato, vemos que viene el cole, pero nuca frenó.
Nos miramos, sorprendidos porque nuestro boleto era para ese horario y el sol ya no estaba, era de día si, pero las montañas ya hacían que nuestro entorno sea ocupado por las sombras, no faltaba mucho para que oscurezca, sinceramente no queríamos quedarnos otra noche en ese camping, no estábamos apurados, pero era un día perdido, además de plata también, porque ya habíamos comprado los pasajes online, sumando así la espera que no era poco en el medio de la nada, habíamos perdido las esperanzas y caminando no se podía, era un montón, además como dije se hacia de noche y la verdad que la experiencia de caminar tanto ya la habíamos vivido.
De repente, un colectivo, no era el nuestro pero era de la misma empresa, le hicimos seña y la luz roja de atrás nos daba la señal de que teníamos otra oportunidad, nos acercamos, el chofer bajo, le explicamos la situación y para condimentar el momento, mi celular ya no tenia batería.
En el celular guardaba los boletos, el hecho de tenerlo apagado muestra un poco la larga espera.
Le explico la situación al chofer y de tantos choferes agradezco siempre que nos haya tocado el, pero mas que el, es la actitud que lo formaba como persona, frenó sin necesidad porque no estábamos en su lista y encima nos hizo subir y me prestó su cargador, en el camino ya con un poco de batería prendo el celular y le muestro los boletos.
Gracias, solo eso me salió y que mucho le dije.
La mirada firme, real y un apretón de manos, reemplazaron cualquier frase, el contexto aumenta o disminuye y el poder en las palabras hace que queden muy pequeñas o gigantes como en este caso, ese momento me hizo comprender que a las acciones no se las lleva el viento.
Ya camino al Bolsón pudimos acomodarnos y seguir viaje, siempre así, altos y bajos como dije en alguna otra ocasión nos hacían avanzar, todo se ponía tenso pero siempre una luz al final. Personalmente el miedo se iba amigando cada vez mas, me convencía de que a medida que nos movíamos nos íbamos enfrentando a distintas situaciones, improvisando, aprendiendo, experimentando, me sentía cada vez mas a gusto con lo desconocido.
Es que viajar y andar tiene eso, como dice la frase famosa, caminante no hay camino, se hace camino al andar y que real se siente hacer físicas a las palabras, así lo vivía y hoy lo aplico en todo momento para seguir creciendo.
el movimiento a lo distinto, a lo nuevo, nos llena de miedo pero a quien lo frene mi recomendación siempre va a ser que lo enfrenten, que se dejen llevar por las ganas de romper esa barrera, el miedo lo crea nuestra mente y esta bien, debemos entender que no estamos preparados para hacer algo nuevo, pero si tenemos la capacidad para hacerlo, no hay imposibles, solo improbables, hay que descubrirse, nunca vamos a perder por mas que la experiencia sea mala.
no somos mas que una historia andando, cada persona es un cuaderno en blanco, toque la historia que toque no deja de ser nuestra.
Para bien o para mal, todos y todas tenemos algo que contar.
repito, el miedo no es enemigo, es solo una barrera para pulirte y prepararte, del otro lado vas a encontrar lo que buscas.
Llegamos, no recuerdo bien que hora era, pero estábamos en El Bolsón.
lo que si recuerdo es que era de noche, ponele que cerca de las 21hs, bajamos y como el celular de joaco si tenia batería, buscamos en el mapa los posibles campings disponibles.
aparecían pocas opciones cerca y uno de ellos era el camping donde pudimos hacer que el viaje siga siendo prometedor.
decidimos ir al camping La Lomita y a este lugar si le voy a pasar el chivo con mucho placer, en este lugar pudimos llenarnos de momentos espectaculares y ya desde la llegada se pudo presentir la magia.
bastó con pararme en el cordón y mirar al rededor para sentir sin saber lo que venia que había llegado a un buen lugar.
No se, quizás era el clima, las ganas de estar ahí y recorrer, por ahí fue ver mucha gente, chicos y chicas en la misma que nosotros, ahí cada cual en la suya, pero todos en la misma, en busca de aventuras y conectar con la naturaleza.
decididos, avanzamos y partimos al camping, caminamos si no recuerdo mal, dos cuadras al norte y doblamos a la izquierda por la calle Azcuénaga, es imposible desorientarse si vas a visitar el lugar porque cruzamos un puente que es el único que te lleva y conecta al otro lado estando en el centro de la ciudad, después de pasar el Rio Quenquemtreu la calle se corta y al doblar a la izquierda vas a encontrarte con el camping, esta del lado derecho, ocupa casi toda una cuadra, está a la vista, pero debes llegar al final para encontrar la entrada.
Esa noche llegamos y después de un día estresante por todo lo que conté desde que esperamos el colectivo en Villa Mascardi estábamos agotados pero no queríamos dormir, solo queríamos llegar y hacer base.
Entramos, caminamos hasta el fondo que es donde se encuentra la casa de los dueños, golpeamos las manos y detrás de los ladridos de un perro se acerco una señora, muy simpática por cierto, amablemente nos dijo que no tenia parcelas libres, era de noche, no había chance de volver a la calle y buscar otro camping, fue en plena temporada, mucha gente, muchos mochileros de todas partes del mundo se expandían por todo El Bolsón, pero esa señora tuvo piedad de nosotros, pegado a su casa tenia un espacio libre pero no era para los viajeros, era de ellos, un espacio donde compartía con la familia y si no recuerdo mal, el lugar era para alquilar pero no estaba en condiciones porque no tenia luz, pero bueno, no sé, el punto es que ella nos brindo ese espacio, nosotros agradecidos lo aceptamos y esa noche sentimos el alivio de cada día, una vez mas, las cosas salían como queríamos.
Era por ahí, siempre fue por ahí, el viaje se trato siempre de eso, de vivir en lo desconocido y en la improvisación ir sintiendo todo tipo de sensaciones, para bien o para mal todo nos llevaba a donde queríamos estar, que embole seria que todo saliera como uno desea, llegar, pero sin andar.
El objetivo claramente es el que deseamos desde que empezamos a imaginar, pero el proceso, ese es quien nos alimenta y nos llena de experiencia, uno llega satisfecho al final pero siempre recuerda el camino que tiene que recorrer para disfrutar del presente, después, todo queda en los recuerdos pero el placer de andar, caer y levantarse hace que cuando recordemos un momento lindo pensemos en cuanto nos costó.
Esa noche para darle un buen final a esta primera parte, después de armar carpas y acomodar nuestro espacio, nos bañamos y decidimos salir, no fuimos muy lejos, en la esquina había un club, con una cancha de futbol 5 donde después íbamos a disfrutar de ver como la gente se apasionaba en los torneos que armaban, pero no fuimos a eso, esa noche teníamos hambre y con gusto nos comimos una pizza y nos tomamos una buena cerveza bien fresca como debía ser, ese fue el punto para ponerle el broche a un día largo y agotador, pero satisfechos pudimos apoyar la cabeza y descansar.