Hice una pausa en aquel día del camping donde habíamos pasado una noche espectacular con esa gente maravillosa, al otro día seguimos el camino rumbo a la ruta 40 cual todavía no conocía a pie. Decidimos partir bien temprano, aprovechando el día lindo.
Cargamos las mochilas y partimos sin saber que tan difícil iba a ser llegar, fuimos costeando todo el lago Gutiérrez, recuerdo que hacía mucho calor pero con la energía bien cargada pudimos llegar a destino, apenas subimos a la ruta después de tanto caminar en ripio y subidas lo logramos. Llegamos al camping La Ventana y ahí decidimos instalarnos porque al otro día teníamos que seguir, a dónde? No sabíamos, simplemente caminábamos sin rumbo, sin mirar la hora solo el paisaje acompañaba a nuestra locura y cada paso que hacíamos, más nos motivaba.
Armamos carpa, descansamos y después de dos días partimos más al sur.
A partir de este momento sentimos la locura de caminar en la ruta.
Salimos bien temprano, parábamos en la primer sombra que encontrábamos, tomábamos agua filtrada que caía de algunas cascadas que escuchábamos cerca, llenamos la botella y seguíamos, en un momento nos dimos cuenta que desde que arrancamos a caminar del camping Gutiérrez miramos para arriba y habíamos rodeado una montaña que siempre estuvo ahí, de tanto caminar la conocimos en todo su alrededor, giramos en ella, siguiendo el camino hicimos una parada, bajamos a disfrutar un poco del agua, joaco decidió sentarse y hacer silencio, yo me puse la maya y me fui al agua, estaba muy fría pero era necesario parar y disfrutar un poco. A pocos metros había un hombre con su hija que se veían disfrutando también y no sé cuál fue el motivo que hizo que dialoguemos, le conté un poco de nuestra experiencia, él me contó también que era residente y la charla fue avanzando. Lo lindo de conocer gente nueva es que no sabes con qué historia te van a salir, cada quien tiene la suya y este hombre nos dejó algo muy lindo cuando nos dijo que era rico en tiempo, explicando que tuvo dos trabajos para poder lograr tener su casita, una vez logrado ese objetivo decidió quedarse con uno solo y lo hacía por la mañana para que en la tarde le quede tiempo para ir a buscar a su hija y disfrutarla. Que gran mensaje nos quedó, que linda forma de contarnos tuvo para que quede grabado de tal forma, soy rico en tiempo dijo y apretando los labios y cabeceando como diciendo que si en cámara lenta entendí y aprendí algo maravilloso. Fue de los momentos más lindos porque el tiempo pasa, se nos escapa y cuando te das cuenta que pasa ya se pierde, es algo obvio lo que estoy contando pero cuántos somos los que ponemos en práctica eso? Solo leemos, escuchamos, pero siempre dejamos para después lo que verdaderamente amamos hacer, lo que deseamos y soñamos. Acompañando a nuestra locura de viajar nos fortaleció, después, en el camino entendimos que importante fue parar a descansar un ratito. El viaje estaba lleno de momentos así, cada quien con su historia, cada quien con esa libertad de dejarle a dos desconocidos una enseñanza.
Voy a resumir un poco porque después de caminar tanto al rayo del sol y parar, y seguir repetidamente, el sol nos acompañó todo el día, arrancamos a las 11am, eran 19:30 y seguíamos de pie, pasamos por una comunidad mapuche dónde se veían casitas como aldeas, se veía el humo de las chimeneas y empezamos a delirar, tirando chistes pero con un poco de miedo sabiendo muy poco de la situación por la muerte de uno de ellos, creo que ese tramo fue el que más rápido caminamos, no queríamos pasar la noche ahí, siempre sentíamos que ya llegábamos, pero tampoco sabíamos a dónde íbamos, solo esperábamos encontrarnos un camping para poder descansar.
Ya de noche, no quiero mentir pero eran cerca de las 21:00 con dolor en los pies, sintiendo como piedras, que después nos dimos cuenta que eran ampollas, con la espalda castigada después de cargar la mochila llegamos a un camping, llegamos a las carpitas, camping que está en Villa Mascardi sobre la ruta. Es un lugar que se encuentra entre Bariloche y el Bolsón en el km 2002.
Al fin llegamos! dijimos, nos miramos aliviados cuando bajamos la mochila, enseguida nos ofrecieron agua y satisfechos por lograrlo sentimos que no pesábamos nada, éramos dos plumas, estábamos muy cansados, una locura, habíamos caminado 25km. Una vez ahí nos atendieron, ya teníamos nuestro lugar, necesitábamos bañarnos, comer, descansar, estábamos en cero. La dueña nos dijo, que suerte tiene llegan justo para un recital que hay en la laguna que está en el fondo, con joaco nos mirábamos y entendimos que no queríamos saber nada, solo queríamos bañarnos. Este momento es muy gracioso porque mientras nos bañamos nos reíamos diciendo, que? Ni loco, quiero dormir, sisi jaja que nos esperen, si ahora vamos, pero bueno todo era risa, era también nuestra primera noche, no podíamos no ir.
Así que una vez que cargamos batería con ese baño decidimos ir a la laguna del fondo, sinceramente imaginaba otra cosa, hay un recital en la laguna nos dijeron, íbamos caminando por una calle marcada solo por las huellas de autos rodeados de árboles y oscuridad otra vez, a dónde estamos yendo? Era por acá? Siempre había preguntas porque nosotros solamente íbamos y si nos invitaron a un recital debería escucharse la música. Debe faltar un montón seguro. Pero no, ahí entendimos que otra vez valió la pena el momento. Nos acercamos en cámara lenta, se veían dos luces, eran antorchas y se escuchaba una voz que en mí vida imaginé. Nos acercamos de a poco a un muelle, quisiera poder encontrar las palabras para describir ese momento, el silencio, la acústica, el cantante, su guitarra y alrededor de 20 personas de espalda sentadas disfrutando de su voz en la oscuridad, era un recital acústico bajo las estrellas, como describirlo? Es imposible, uno trata solo de dejar grabado este momento único e irrepetible.
Personalmente conociéndome y explotando todo lo que siento estaba en el aire, siempre me preguntaba si todo lo que estaba viviendo era real, cuando hablábamos con joaco uno de los temas que repetiamos era siempre que estábamos viviendo una película, altos, bajos, pero siempre salíamos a flote, siempre! Llegamos a entender que cuando estábamos mal por así decirlo, sabíamos, estábamos seguros que algo bueno venía, nos acostumbramos a qué el viaje nos sorprenda siempre así y nos dejamos llevar. Habíamos ganado esa confianza, todo tiene que ver con todo, la vida, las experiencias malas o buenas, el mismo aprendizaje me quedó de los senderos en subidas a los miradores, caminarlos por horas, haciendo fuerza, parando, descansado, pero siempre avanzando, paso a paso. Entendí llegando a las cumbres que así es la vida, la satisfacción de lograrlo es inmensa, pero hay que pelearla, hay que salir a buscar eso que deseamos, créanme que al principio cuesta, pero la satisfacción, sentir la satisfacción de poder usar con fuerza está palabra no tiene precio.
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