Al aparecer las despedidas suelen ser como dicen de dolorosas, no había experimentado tantas sensaciones juntas en mí vida, dolorosa porque tocó despedirme de mí gente, mís hermanos, mis viejos, mis amigos, la familia. Todo parecía de película, las últimas personas que vi fueron ellos, llegado el día solo los miraba a uno por uno mientras caminábamos para lo que sería la última puerta.
El abrazo, los besos y las palabras, palabras dichas y otras bloqueadas por el llanto. Mí cuerpo se había transformado en una ensalada de emociones. Quería llorar, reírme, subir al avión y quedarme.
Mí cuerpo solo seguía el camino sin saber lo que le esperaba.
Era obvio que sabía, siempre lo supe, siempre lo quise hacer.
Vivir esta aventura y llenarme de momentos y anécdotas para volcarlas en un libro. Porque para contar y para vivir hay que moverse y en un día vivido ya tenía demasiado contenido para crear la primer página, eso me motivó y me dio la idea de mezclar un poco la experiencia vivida y mí forma de ver la vida y los valores que conservo.
Llegado a la ciudad de Neuquén, hicimos la primer parada, era inevitable, necesitábamos fumar y reflexionar. Mientras mirábamos el mapa de la ciudad buscábamos puntos de interés.
Salimos a la ruta y en los primeros metros sin levantar la mano, una mujer frenó y se ofreció a llevarnos, a dónde? no lo sabíamos pero el objetivo siempre fue san Martín de los Andes donde arrancaría toda nuestra aventura. Nos acerco a Senillosa un pueblito dónde había un camping municipal que sin saber nos quedamos ahí sin provisiones, poco nos duro la paciencia y salimos caminando para la ruta 22 que se encontraba cerca. Antes de caminarla paramos en un mercado a comprar agua y algo para comer.
Apenas llegamos a la ruta y otra vez sin hacer seña alguien nos tocó bocina y frenó, era Carlos y su hijo Elías ofreciéndose para llevarnos, frenaron y nos preguntaron para donde íbamos, les dijimos que la idea era ir a Villa Chocón y coincidiendo con la suerte ellos también iban para allá, estaban laburando y se ofrecieron muy amables para llevarnos.
Con Joaquín nos mirábamos y de la felicidad súper agradecidos no sabíamos que decir, solo era felicidad en todo el cuerpo que sentíamos porque todo iba de maravilla y gracias a quienes nos levantaron en ruta ganamos como 5 días de ventaja.
En el camino compartimos anécdotas y llegados al lugar les agradecimos muchísimo. Con joaco seguíamos en el aire y más alto nos fuimos cuando bajamos y vimos el paisaje que teníamos en nuestros ojos. No lo podíamos creer, había una escalera que nos llevo a lo más alto del pueblito dónde se podía apreciar cada detalle del lago enorme, el color del agua, el famoso verde agua que vemos en playas del Caribe. No parábamos de sonreir, todo era felicidad porque era lo que deseamos mucho tiempo, pero al mismo tiempo no porque el objetivo era otro, toda esta aventura fue como una previa para lo que vendría después, fue un regalo que nos dio la improvisación.
Una vez instalados en el camping, pudimos bañarnos, armar la carpa y cenar. El día ya estaba hecho y fue regalado, fue mucha emoción para tan poco tiempo, fueron muchos sentimientos encontrados en pocas horas. Una vez acostado en la carpa me puse a leer la carta que me había hecho quien me conoce mejor que nadie. Hizo que mí cuerpo se vacíe de toda la carga, no paraba de llorar, sabe cómo llegar a mí y sinceramente no pude dormir bien. Necesitaba llorar y no lo sabía. Dicen que llorar es lavar el alma en realidad y ahí estaba yo, despertando, viviendo lo que siempre soñé.
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