Una vez más teníamos que levantar campamento para seguir moviéndonos, fue así que iniciamos el recorrido volviendo al centro de Bariloche en busca de la ruta 40, pero como desde el día uno, íbamos viviendo una aventura nueva, siempre sorprendiéndonos, dejamos que el destino decida, fuimos a un súper compramos provisiones y justamente cruzando la calle estaba la parada de colectivos, llegó rapidísimo el 50 que era el que nos llevaba, en el camino decidimos bajar en el lago Gutiérrez.
Cada lugar que visitábamos era maravilloso, bajamos, nos acomodamos en una piedra que rodeaba el lago bajo un árbol y en la sombra, almorzamos con una vista inexplicable de transmitir con palabras, disfrutamos en silenció, por ahí salía algún comentario positivo recordando el esfuerzo y el sacrificio que hicimos para poder merecernos eso.
Una vez que almorzamos decidimos bajar a la playa, buscamos caminando a la izquierda un lugar cómodo para dejar las mochilas, ponernos la maya y disfrutar del lago, primero Joaco se tiró, yo no me animaba porque sinceramente estaba muy fría el agua, estaba mirando el paisaje, las montañas que nos rodeaban y cuando baje la mirada veía mis pies.
Que locura, el agua tan transparente, movía mis dedos y sonreía, me olvidé del frío y con el agua a la cintura decidí tirarme, fue un instante, juro que me congelé pero jamás se me apagó la sonrisa, mí cara tenía el gesto dibujado como si fuera normal. Muchas sensaciones encontradas, muchas sensaciones de felicidad guardadas hacían que mí sonrisa fuera algo extraño.
Ya frescos decidimos acercarnos a nuestro lugar, disfrutar de unos mates y llenarnos bien los ojos de tanta belleza que nos rodeaba.
Cuando decidimos partir, miramos el mapa y costeando el lago por el lado derecho fuimos en busca del camping que deseábamos que tenga lugar porque como dije en otro momento nuestro objetivo diario siempre fueron los camping para descansar, bañarnos y cargar batería para iniciar el día siguiente, así fue que llegamos al camping Gutiérrez y pudimos armar la carpa, otro lugar mágico, un fogón en el medio rodeado de piedras y banquitos de madera, unos metros atrás lo rodeaban las carpas y los pinos bien altos que le daban al lugar una vista de cuentos. Nos acomodamos, dejamos carpas, mochilas y pegado al camping había un camino que nos llevaba a recorrer lugares hermosos como una cascada que por cierto fuimos y había mucha gente disfrutando, estuvimos un ratito y decidimos seguir camino y hacer tracking hasta subir a un mirador donde nos sacamos unas fotos, descansamos y volvimos a bajar, que cansados estábamos, el sol, las mochilas, la caminata, pero jamás dijimos que no, solo pensábamos en disfrutar y conocer.
De vuelta al camping nos pudimos bañar, estabilizar y en un momento veo que una vecina estaba juntando leña y no dude en ir a ayudarla, joaco tampoco, entonces fuimos a buscar para encender esa fogata que tanto deseábamos ver de noche, llegado al momento lo prendimos, por cierto el nombre de la vecina era Mariana y se encontraba también Pablo, gente muy agradable que daba gusto conversar.
Prendimos el fuego, mientras oscurecía y de a poco se iban asomando las primeras estrellas, Mariana nos ofreció hacer una cena comunitaria, no dudamos en decirle que si, es que fuimos a eso, entonces juntamos arroz, ella ofreció ajo, huevo y nosotros teníamos calditos de verduras, sabíamos que íbamos a cenar y que más lindo compartirlo con alguien que desea lo mismo?
La verdad es que fue una noche hermosa, nosotros alrededor, conociéndonos, preguntándonos de donde veníamos, que lugares habíamos conocido, que planes teníamos para después.
La fogata, los pinos bien altos que nos cuidaban en círculo y el cielo, el cielo que era todo brillante de tantas estrellas que lograban silencio y paz.
Fue una noche soñada, deseada pero no buscada, apareció de sorpresa porque cada parada tiene su estilo y así es como funciona. La aventura de andar tiene eso de llenarnos de momentos maravillosos.
Una vez que logramos todo, satisfechos nos fuimos a descansar porque el siguiente día nos esperaba más ruta y necesitábamos avanzar.
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