Los días tres y cuatro voy a resumirlos en una página, ya que se me escapan por estar disfrutando y ocupando el tiempo caminando o descansando.
Si lo cuento es porque ya pasó y quedó un recuerdo espectacular, después de dormir la noche del sábado 22 de enero en ese bosque tan oscuro nos dimos cuenta que no todo iba a ser como el día uno, donde las cosas habían salido improvisadas y perfectas, el día 2 nos despertó, dándonos cuenta que las cosas a veces pueden salir bien y otras no mal, pero sí al límite, esa noche nos dejamos llevar por las ganas de dormir, pero una parte nuestra se preguntaba que hacemos acá?
Dónde estamos? Era la nada, era tenebroso pero lo pasamos así que guardamos la carpa, ordenamos las mochilas y emprendimos viaje al centro de la ciudad, desayunamos en un lugar muy lindo donde pudimos recargar baterías en los celulares y planificar el día o sugerir tareas para hacer el día domingo, el clima mucho no ayudaba, ya que se asomaba el sol por momentos pero estaba constantemente nublado y lluvioso.
Cargamos la sube y nos fuimos caminando por una ruta que costea todo el lago Nahuel Huapi, caminamos muchísimo, subidas, bajadas buscando así un camping para asegurarnos la noche.
No lo podíamos creer, estaba todo ocupado, había mucha gente en la ciudad pero no nos rendimos seguimos caminando hasta que vimos un cartel, decidimos subir 250 metros a la izquierda y encontramos un camping llamado el Yeti, había lugar, sentimos que habíamos logrado el objetivo del día.
Una vez instalados hicimos base, el objetivo de cada día era llegar a un camping y en el proceso disfrutar de cada paisaje.
En este lugar la estadía mínima eran dos días así que cargamos baterías, nos bañamos y el cuerpo volvió a equilibrar.
Qué hacemos?
Teníamos cosas para hacer, había muchas opciones ya que todavía estábamos cerca del centro de la ciudad.
El primer día decidimos quedarnos ahí ya que llegamos tarde como para hacer alguna escapada. Nos relajamos, comimos y nos acostamos temprano, así al otro día estábamos como nuevos.
El segundo día si, dejamos las mochilas en las carpas, el ambiente ya nos daba confianza y salimos a buscar algo para hacer, livianos, como paseando en casa, esperamos el colectivo y de repente estábamos yendo al cerro campanario, yo estaba emocionado, estaba feliz porque iba a conocer uno de los lugares más lindos de Bariloche.
Llegamos y en el proceso del tracking iba puteando porque no llegaba más, mientras por encima nuestro subía gente en las aerosillas. Puteaba mucho, no enojado, si no por el placer de quejarme, obvio que con Joaquín lo tomábamos con humor, después de cada puteada venía la carcajada hasta que por ahí llegamos.
Esta parte no sé cómo describirla porque sinceramente lo que viví fue mágico, las palabras no tienen alcance a las cosas que sentí. La vista, el viento frío que refrescaba mí cara después de transpirar en la subida, mis manos que temblaban un poco y el sacrificio, él fue quien me despertó y me dijo… estás acá, esto es lo que estabas buscando, automáticamente me concentré y me acerqué a la baranda para cerrar los ojos, tomar aire bien profundo y en ese momento abrirlos nuevamente y disfrutar. No tenía que mirar la hora, no tenía nada que hacer después más que disfrutar todo lo que iba viviendo.
La inmensidad, el color del agua, los lagos repartidos por dónde miraba, fue ahí donde me di cuenta que necesitaba respirar, fue ahí donde me di cuenta que mí vida tenía sentido, que el camino que yo elijo para vivir es el correcto, porque tengo presente que desde que tengo uso de razón viajar y disfrutar de la naturaleza y de las cosas simples es lo más lindo que hay.
Me quedé un buen rato mirando el paisaje, hice silencio y por momentos mis ojos se nublaban, estaba emocionado, estaba justo donde quería estar, después de tanto quejarme valió la pena llegar a la cima de esa montaña.
Una vez abajo, decidimos volver al camping, bañarnos y salir a disfrutar la tarde tomando una cerveza cerca de donde estábamos, lo merecíamos después de caminar tanto y en honor a lo que nuestros ojos vieron, a lo que quedó guardado en mí para siempre era un momento perfecto para cerrar el día celebrando y volver a la carpa para dormir cansado y feliz.
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